En Ibiza, hasta comienzos de la década de los sesenta, los almendros fueron siempre un valioso recurso en tiempos de muchas carencias y pocas posibilidades, por lo que numerosas familias se dedicaron a tan noble labor. Los ingresos adquiridos por la cosecha de la almendra les permitían, tanto recomponer su maltrecha economía como pagar las deudas adquiridas a lo largo del año.
La recogida de la almendra se realizaba con la máxima eficacia posible aunque siempre quedaban, inevitablemente, algunas almendras sin recoger. Sin embargo estas nunca se echaban a perder pues, tras la cosecha principal, los hijos y esposas realizaban batidas por todos los campos. Este bien merecido botín suponía un medio de trueque para las esforzadas payesas, que de otra forma no podían conseguir artículos indispensables como vestidos, ajuar u otros enseres.

No hay comentarios:
Publicar un comentario